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Grupo "Pan Comido": Poesía para resistir / Jorge Boccanera para la agencia Télam


Grupo "Pan Comido": Poesía para resistir

Por Jorge Boccanera para la Agencia Télam


El grupo "Pan Comido", que reúne a ocho poetas, hace 17 años viene desarrollando en Córdoba una sostenida actividad que incluye recitales, edición de plaquetas y revistas literarias, con una muestra de apertura al convocar autores del resto del país e irradiar sus actividades para afuera.

Entre ellas, figura el sello editor "Música del lugar", que acaba de publicar los libros de poesí­a "El animal no domesticado" de Laura Garcí­a del Castaño, "La noticia es el diluvio" de Alexis Comamala y "Sioux" de Marcelo Dughetti.

Integrado por Juan Stahli, Fabricio Devalis, Ceferino Lisboa, Andrés Rubino, Fernando Bellino, Sebastian Cantoni, Alexis Comamala y Pablo Carrizo, este "colectivo" se diferencia del grupo-ghetto que busca consolidarse como un cí­rculo cerrado.

Un poema breve de uno de sus impulsores, Stahli (1982) - "Un pedazo de pan/ vale más/ que mil palabras"- resume su idea de la poesí­a como respuesta a las necesidades del estómago, pero también del espí­ritu, como también la voluntad de conjuntar voluntades de este grupo que se inició en 2009 editando "plaquetas, libretitas, hojas de poesí­a y antologí­as, con formatos económicos y circulación callejera".

Stahli indica que este proyecto de convocatoria plural: "tiene su raí­z en que todos los integrantes del grupo hemos tenido o tenemos participación polí­tica. No es algo nuevo, porque arrancamos en la resistencia de los 90. Trabajamos siempre de modo colectivo y no sólo con poetas, también con músicos, pintores, dibujantes, fotógrafos, titiriteros".

Respecto a su visión del hombre sustentado en lazos de solidaridad y búsqueda creativa, invita en uno de sus poemas a: "ir por más/ soñarlo todo"; y dice descreer de "una poesí­a esterilizada" como del "mero panfleto"; mientras se pregunta: "¿Puede la poesí­a escapar a la realidad cada cinco dí­as, una familia se queda sin madre por la violencia de género? ¿O a que muchas familias pierdan su vida en la lucha por la tierra?".

Por su parte Alexis Comamala (1979) hace referencia a una actividad que impulsó "Pan Comido" en 2012 en el "Espacio para la Memoria La Perla", Córdoba -donde funcionó el segundo campo de detenidos más grande del paí­s durante los años de la dictadura militar- que dio paso a la antologí­a poética "Habitar el grito".

"La poesí­a puede habitar todo lo circundante y lo interno, pero es el poeta, el hombre común (en cuanto comunidad) quien debe dar el salto y ocupar los espacios del horror, el asesinato. Si en La Perla hubo "violencia organizada", ¿por qué no darnos la posibilidad de una "violencia de lengua" que nos comunique con la creación?".

Comamala admite que el tí­tulo de la compilación, "Habitar el grito", funciona como enunciado de una poética que dialoga con estos versos suyos: "lo que uno calla/ nos entierra": "El tí­tulo -dice- viene de la voz de la poeta Glauce Baldovin (1928-1995) y es una forma de sosiego para estrangular momentáneamente el dolor, el sufrimiento y convertir 'el grito' en palabras que nos cobijen de la intemperie del mundo".

Por su parte Laura Garcí­a del Castaño (1979), que combina en su poética una visión árida de lo cotidiano con una gran fuerza expresiva, no oculta su alegrí­a por haber sido editada por el sello "Música del Lugar": "Trabajar un poema con los chicos de 'Pan Comido' incluso hasta las cinco de la mañana, es desarmar un motor, revisar cada pieza, cada verso a conciencia y en voz alta, sabiendo por qué está allí­, si trabaja en función del todo o está en corto".

Y agrega: "Nunca laburé tan a fondo y desde adentro; eso me permitió dentro de la volatilidad y la subjetividad de 'trabajar la poesí­a" haber adquirido confianza en el libro, y ese aprendizaje queda por siempre".

Teniendo en cuenta que la editora de "Pan Comido" ya publicó una docena de tí­tulos, entre ellos varias poetas mujeres como Carolina Bravo, Leticia Ressia y Liliana Lukin, analiza Del Castaño esa producción.

Y expresa: "En Córdoba vive y reina la poesí­a escrita por mujeres. Las mencionadas y otras tantas poseen voces propias, definidas o inquietas, pero potentes y disí­miles unas de otras en su existencialismo, en sus batallas emocionales, en la música afectiva, e incluso en el carácter 'salvaje" de su enfrentamiento con el público".

"No les noto las influencias ni las costuras; será porque el poeta hombre nombra más a sus maestros que nosotras; lo viven como una especie de deuda permanente. Las mujeres son más reticentes, más huérfanas -define-, y eso dota a su producción de tal misterio y misticismo que siempre genera inquietudes, en su procedencia y en su desarraigo. En una palabra, veo su producción más original".

Finalmente, la originalidad el libro de Marcelo Dughetti (1970), Sioux, radica en el hablante -un aborigen de los Estados Unidos- y en la orquestación de imágenes contundentes ("los ahorcados hablan de mil maneras con el viento"), junto a la creación de personajes que brindan un clima de historieta al modo del relato de aventuras.

Dice al respecto: "Me encantan los comics y de los comics el momento del soliloquio. Esa viñeta preciosa donde el personaje, a caballo o caminando por paisajes terribles o ciudades contaminadas hasta la desesperación, tienen su epifaní­a pensándose parte de todo eso pero a la vez sabiéndose parte de otra realidad, quizás anticipando su destino de personajes. Por eso amo los relatos".

"No obstante -concluye- querí­a hablar con mi querido Jack London y el modo de llegar a los territorios del Yucon sin llevarle whisky, morfina y rifle nuevo; cómo llegar con la máscara pusilánime de este que soy. Era mejor vestirse de sioux, que no es cualquier nación, son los dignos y terribles perdedores de las pelí­culas del viejo oeste y de las historietas. Además eran llaneros como yo: sabemos de la inmensidad y su ahogo y de lo intransferible de esa sensación".


Por último Dughetti califica al grupo "Pan Comido" como "un humilde faro de luchadores que abrió un surco".


Diario El Argentino Córdoba
http://elargentinocordoba.infonews.com/nota/194301/grupo-pan-comido-poesia-para-resistir

Sobre El animal no domesticado, de Laura García del Castaño / por José Di Marco


Entiendo que la poesía introduce en el mundo una perspectiva extraña y desconcertante. Hablo de un enfoque y de un tono, también;  hablo de una manera privativa de usar el lenguaje que organiza formas novedosas,  produce significados inéditos y disloca las expectativas rutinarias de lectura.  
Sin embargo, esta afirmación defecciona a causa de su generalidad. Le cabe a toda la poesía como género de escritura y por eso mismo, debido a su carencia de especificidad, muy poco dice sobre la poesía de Laura García del Castaño, acerca del arte de escribir que ensaya en este libro. ¿Qué hace ella con el lenguaje? ¿Qué le hace (sentir y saber) a las palabras, a la sintaxis, a las significaciones que se apartan de los carriles lingüísticos y semánticos preestablecidos? El apartamiento y la transgresión de los usos habituales del lenguaje, a la vez que sorprenden e incomodan a los lectores, inciden en el trato del tema que aglutina los poemas de este libro. Porque si bien El animal domesticado habla de la muerte,  la escritura de Laura ubica este asunto de corte universal en la órbita de un prisma que lo ilumina y singulariza.
Si bien el montaje predomina en el poema que abre El animal no domesticado, un texto coral, construido a partir de la cita de una profusión de voces anónimas, su llamativa estructura constituye una excepción, ya que en el resto de los poemas una primera persona escande los versos y organiza el decurso del poema a partir de un núcleo semántico que concentra y, al mismo tiempo, expande las significaciones. Esa primera persona narra, recuerda, interroga, reflexiona y afirma. Una variedad de actos de habla coexisten y superponen en El animal no domesticado para construir el texto poético como una unidad densamente significativa y sólidamente rítmica.

Laura parte de experiencias autobiográficas y las transfigura con el propósito de construir una voz única e irrepetible. Construye una dicción que expresa su personalidad  y  en la cual se materializa, discursivamente, una manera de percibir y ver el mundo. Concreta, según el compás de una cadencia y conforme al pulular de imágenes explosivas, una tentativa de concebir la muerte como un fenómeno irreductible y turbulento que flexiona y enrarece el lenguaje poblándolo de antinomias, ambigüedades y paradojas:

Todos los días rebalsa la muerte su miseria
violenta una puerta
entra en una casa
es el animal menos amado.

Nada como la presencia virulenta (y al mismo tiempo salvaje) de la muerte para interrumpir el flujo automático de las palabras, injertar discontinuidades y extender los significados hasta el límite del sinsentido. 
La escritura de Laura García del Castaño, torrencial e ígnea, abrasadora  y furiosa, desborda intempestivamente los lindes del verso y se vuelca hacia la prosa narrativa tornándose relato de la cotidianidad opresiva o evocación punzante de lo irremediable. Entreverada con lo mundano (con la prosa rústica del mundo), su poesía yuxtapone la transparencia de un lenguaje directo y ostensivo a la opacidad de un discurso que se aleja de las referencias explícitas y descubre semejanzas extraordinarias:

Como todas las mañanas
tomé la gamuza
rocié el Blem
y lustré el ataúd del fondo

Lustré
el tórax de un gigante congelado
[…]
Lustré
el capullo de un insecto que se pierde
la nave de un ser que nos deja
el escudo de una moneda extranjera
la falsa alcancía de la muerte.

Esa mixtura – que tutela el poema antes citado- recorre el poemario entero en el cual, por otra parte, hay algunos poemas en los que se puede reconocer algo así como la promulgación de una poética. Por ejemplo:

Lo real va por detrás de la visión
Y la visión por detrás del sueño

El sueño es
Inalcanzable.

Laura García del Castaño
Fotografía.: Hugo Suarez


Apartándose del registro realista, Laura labra visiones oníricas. Como se lee al final de otro poema, el ojo de la imaginación se afina y apunta: “Una mera puntería /para darle a cosas / que no caerán en este mundo”. ¿A dónde se desploma aquello que el lenguaje captura en plena fuga? ¿A otro plano de la realidad, es decir: a este mundo que ya no es el mismo porque las videncias que el poema inscribe en su cuerpo lo han transfigurado definitivamente? Entonces, no se trataría de reproducir lo existente sino de recorrer, con el ojo ardiente de lo imaginario, su superficie para encontrarse con las fisuras que revelan ese estado recóndito y extraño de las cosas que los automatismos de la mirada pierden de vista. Pero también en la escritura que prolifera en visiones se expone un aplazamiento perenne: de lo real por la visión, de la visión por el sueño que es asimismo inalcanzable. Ese retardo -que convierte a lo real en un resto de visiones que nunca atrapan el acontecer del sueño y colman al lenguaje de imágenes inflamadas- signa la poesía que Laura García del Castaño escribe.

Escritura de lo que escapa sin solución de continuidad, de lo que en su huída incesante deja residuos que son señales de otro mundo (de lo otro que reside, agazapado, en este mundo). Escritura de las huellas que el deseo esparce en su andar inagotable y errático.
Así, con imágenes flamígeras, visiones del sueño inaprensible, vestigios del deseo que no cesa de empujar y dispararse, El animal no domesticado trata sin pudores de la muerte. Para la perspectiva que su autora erige y despliega en este libro, la muerte no es un asunto que habilite especulaciones metafísicas ni promueva elegías plañideras. Habla de los discursos, comedidos y maquinales, que se pronuncian en un velatorio o en una procesión. Habla de cuerpos vencidos y rígidos, de restos (como dicen las necrológicas) que se visten y rasuran, que se velan, se trasladan y después se entierran. Habla de las tareas administrativas y los ritos altamente codificados que, en esta época, los deudos están obligados a ejercitar cuando un allegado se muere. Habla de las labores, aburridas y apáticas, en las que los sobrevivientes se empecinan con el objetivo absurdo de domesticar la muerte.
El título del libro, una abreviatura de la cita de Pascual Quignard (“Es libre el animal que no está domesticado”) que hace las veces de epígrafe, adelanta la línea de sentido que amalgama los poemas. Una metáfora integral. La muerte: el animal no domesticado. Hay una dimensión biológica en el hecho de morir, un sistema colapsa y deja de funcionar. Somos mortales; nos extinguimos al igual que otros sistemas biológicos, que otros mamíferos, que otros animales. El cadáver es un signo inequívoco de eso que se apaga y detiene. Pero, sin embargo, una vez que el cuerpo fenece, después de las exequias, la muerte constituye una fuerza indómita que circula libremente entre los que viven saturando de anomalías y equívocos la existencia. Gozosa, ¿diabólica?, se potencia y vitaliza trastornando las palabras cuando intentan cercar la impertinencia de su flujo, ceñir su fluctuante condición de ausencia-presencia. Junto a un cuerpo sin vida, sólo se puede:

asumir el desprecio de la muerte
intentar descubrir qué le fascinó de este hombre
por qué nos sigue ignorando.

Prestemos atención a este brevísimo texto, que se parece a un silogismo; a la sinopsis casi aforística de sus versos:

El ataúd para que la muerte
quede afuera y de pie

El poema
para que sólo esté el anuncio
de lo que no hay.

El ataúd no puede contener la muerte, que permanece exterior y erguida (mientras el muerto yace en su interior, acostado). El poema es el anuncio de un vacío, de una falta. Como ataúd y poema sobrevienen términos equivalentes y por lo tanto intercambiables, el poema sólo puede nombrar la muerte a través de semejanzas metafóricas, de nominaciones aplazadas, y el ataúd se constituye en la confirmación flagrante de que la muerte escapa y prolifera. El sobreentendido, lo que palpita implícito en este poema, es la constatación exorbitante, de que un abismo incorregible separa la muerte y del muerto. Con intensidad El animal no domesticado postula y trabaja esa distancia.
Así como postula y trabaja esa distancia insalvable, según la cual el muerto no es la muerte sino un cuerpo que ha llegado a su fin, El animal no domesticado  conversa sigilosamente  con Los hombres huecos. A diferencia de lo que sucede en el poema de T. S. Eliot, los muertos de El animal no pronuncian soliloquios desesperados, plegarias lúgubres que le reclaman a un dios indolente consuelo y piedad para su condición de restos parlantes suspendidos en el umbral del paraíso. El más allá no presenta un dilema teológico, una dificultad conceptual ni siquiera una disyuntiva estética para la poesía de Laura que está más decididamente interesada por lo que ocurre aquí, muy cerca, a diario, en medio del fragor de la contingencia.
Por otra parte,  leyendo sobre muertos que están despiertos y anhelan vivir a toda costa, sobre cadáveres prolijamente acicalados para ir no se sabe dónde, me di cuenta de que, silenciados y rígidos, aún los cuerpos poseen cara, nombre, domicilio, familia, biografía. En varios poemas, que constituyen un acto de piedad y de compañía póstuma, se los nombra, retrata y recuerda.
Si pensamos que en sociedades como la nuestra la muerte se vuelto un comercio inseparable de la biopolítica, El animal no domesticado llama a protestar contra esa maquinaria impersonal que rige y determina el uso de los cuerpos (incluso de los inertes), a no ceder mansamente, a rabiar contra la agonía de la luz, como dicen unos versos de Dylan Thomas que Laura invoca con este par de su autoría:

Ladra, ladra hasta dejar de ser el blanco
hasta dejar de ver en todas las muertes a tu muerto.

Transcribo ahora parte de un poema:

Escribir como si se tuviera
una piel de vidrio, un espejo al fondo
pelo y sangre de la herida
sufrimiento animal
o escribir como si no se tuviera nada
lo que late pero no para vivir
Así de estéril
como un párpado que acaricia el ojo que no ve…

Mediante la analogía el texto propone una disyunción entre dos modos de escritura, uno ligado a lo que se posee y otro unido a la carencia. Así, resume las fuerzas opuestas que coexisten y tensionan la poética que El animal no domesticado declama y, sobre todo, lleva a la práctica.
Los poemas de este libro están escritos, simultáneamente, desde el patetismo y la indiferencia, desde un distanciamiento sarcástico y una compenetración casi piadosa, desde una mirada que se atiene a los detalles más profanos y que despega de la inmediatez para cristalizar en imágenes desaforadas. Valga como ejemplo el poema en que la hija trae del recuerdo la figura indeleble de su padre fumando en un rincón a oscuras de la casa y la sitúa en un presente continuo:

Todavía en medio de la noche veo la colilla encendida
una luz que no alcanza a iluminar nada
pero prende fuego a todos los rostros de mi mente.  

El animal no domesticado habla de la muerte, y no es un libro lindo ni bonito. Su belleza, provocativa y exaltada, rugiente y oscura, suscita en nosotros algo muy distinto del beneplácito y la gratificación estéticos. Nos invita, tal vez, a tomar distancia de lo que aceptamos pasivamente: la economía rutinaria de la muerte (su naturalización impensada), el prototipo de la poesía como un lenguaje purificado de disonancias y asperezas.
Laura García del Castaño pone sus ojos de vidente en la diáspora de lo roto y fugado para trastornar el lenguaje y sacarlo de quicio. El remate de un poema señala: “Todo ha sido andar / y no ser domesticada.”  Trazar un camino que carece de meta, resistir a las coacciones que sujetan y disciplinan, hacer de la poesía el testigo de un proceso indeterminado y transgresor: los modos en que El animal no domesticado introduce, en el mundo y en el lenguaje, un estilo y una visión del mundo que nos incitan a pensar, a decir, a ser otros, menos mansos, más lúcidos.

José Di Marco



La mayoría de las veces / Andrés Rubino

Fotografía: Hugo Suarez


No sé cómo y si supiera no lo diría
ni de dónde me llegó esta adultez
el vínculo con las lluvias
la memoria de antes
Las adjetivaciones son compañía
y así como usted decide la suya
de acuerdo a sus contradictorios sentimientos
las palabras hacen eso mismo
oyendo a sus sentidos añorados
Así es como se me va apareciendo
la poesía a veces
y de un momento a otro
ya tenemos mucho en común
como para seguir desconfiándonos.
Ya que estamos metidos hasta acá
en este asunto, y que esto es un poema
de esos que les digo
voy a aprovechar de agregar
que abrigaré lo que pueda
para que no esté sola en algún lugar.


Andrés Rubino (Córdoba, 1981)

De La gran mayoría. Inédito,
Pronto a editarse por Pan Comido





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Este aporte, este adelanto nos hace seguir editando libros de poesía sin que el autor tenga que poner el dinero para que la edición se lleve acabo.

Gracias a la venta anticipada, a la solvencia de la Gráfica Veintinueve de Mayo y a los lectores que apuestan, seguimos adelante. Editamos 500 ejemplares de cada titulo que hemos sacado.





Editan PAN COMIDO y GRÁFICA 29 DE MAYO

La entrega se realizara en la presentación en junio de 2014.

Tres poemas de El animal no domesticado / Laura García del Castaño

Fotografía: Hugo Suarez

En el correo la mujer que vende sobres es ciega
sus ojos son pisadas de un animal
que huyó hace tiempo
Me reconoce cada vez que llego
Esta mañana me dijo
vos sos la chica que escribe poemas
a quién le enviás hoy?
Me dio un sobre pequeño donde calza justo un libro
aunque en su mirada no calce una sola visión
Sus ojos son blancos como la espalda de un dios
íntimo con ella
que se rehúsa a mirarnos
de ellos no cae agua nieve
caen esquirlas de un volcán
que trama en las profundidades
Estos son tus poemas? preguntó
tomó el libro pero no como un libro
sino como si tomara un cráneo, un ramo, una espada
algo frágil y feroz, distante a nosotros
Abrió en la página treinta y con sus dedos recorrió los versos
de derecha a izquierda como si desandara un viaje
Se frenó en la palabra ciervo
la acarició una y otra vez
como si hubiese decidido domesticarla
Su índice se superpuso a la palabra
que ya no se vio
como si el ciervo hubiera entrado en ella
como si nunca se hubiese ido
como si sus patas firmes en un nuevo territorio
hubiesen borrado por un instante
las anteriores pisadas.


///



Rezak Motanic observa incrédulo lo que parece un cráter lunar
Agencia AP, 27/11/2013.

En la radio anunciaron cortes parciales de agua
mientras una laguna desaparece en Bosnia
y aquí, el perro bebe de un pozo que ha cavado él mismo
Justo allí está el desagüe que viene del fondo de la sala
cuando se baldea el patio
Algo escapa con el agua y el perro bebe incansablemente
En el reflejo del charco parecen dos animales
saludándose desde mundos paralelos
a través del cráter que ha dejado el paso de un gigante.



///

Estás solita? me preguntás
No, estoy con Hugo que ha venido a pintar la sala
a lavar la cara de su dios malo
en un precario acto

Un soldado corpulento con rostro de insecto
lo observa
lijar con fuerza
desprender el seco aguijón de un niño
la vulva de un fantasma que esperó salir
ser acariciado    
Cubre el piso del goteo con diarios viejos
con obituarios
de gente que goteó aquí su última lava
El color es beige y es cálido para este monte
Ha prendido la radio
La música tapa el crepitar de los peces
La pared absorbe como el lecho de un pantano
Debajo de los cuadros las manchas son oscuras
Pasa la brocha
Deja sin pérgola a las palomas de la putrefacción
Estás solita? me preguntás
y qué hacés?                          
Leo sobre la muda de especies tras los incendios del lunes


Veo aquí una constelación de hombres
que emigra en plena mañana como murciélagos
Pienso
qué es el color beige para una habitación sin luz
y qué pensará de este precario acto
la noche.



Laura García del Castaño (Córdoba, 1979)

En El animal no domesticado.
Pan Comido Ediciones. Córdoba, 2014.

Tres poemas de La noticia es el diluvio / Alexis Comamala


Fotografía: Sebastián Casartelli Re


I

anotabas en cuadernos viejos
informes sobre lo que no sucede
soy un hombre débil, neurasténico
las cosas son nada en tus manos,
nombrabas las cosas por las fallas
 

II

asténico de cuerpo y mente,
mente que no preocupa
el cuerpo es la fe,
es lo que podemos alcanzar
a veces
confiábamos
como las aves en sus alas



///


la sal revela
el habla extraña de la piedra
su cáliz celestial
entra y sale de los roces
decadentes
de fierros y sudores
lo que aprendió el carbón al quemarse
es cierta verdad sobre lo que acaba



///

las arañas sobre la mesa no deberían estar aquí
debería estar congelado en la escalera
mirándolas subir y bajar
como manadas de miedo
enjambres
entonces llevo mi grito
a lo lejano
a lo mudo
a lo que se apaga
toda marioneta lleva su ancla en lo cotidiano
todo ser
un intérprete desconocido



Alexis Comamala (Córdoba, 1979)

En La noticia es el diluvio. 
Pan Comido Ediciones. Córdoba, 2014.

Presentación colección Música del lugar


COLECCIÓN MÚSICA DEL LUGAR POESÍA DE CÓRDOBA
          MARTES 4 SEPTIEMBRE / 19hs /
RADIO NACIONAL CÓRDOBA
(Santa Rosa y Gral. Paz)
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA


LA SELVA OSCURA
Leticia Ressia
Nació en Pellegrini, provincia de Buenos Aires en 1979 y vive en Córdoba desde hace 13 años.
Diversas participaciones en revistas y antologías. En el 2001 salió Día de los inocentes
(editorial Cooperativa, La Fiaca, de la que formé parte). Participó en Dora Narra
(Caballo Negro editora y Recovecos, 2010) y en 15 poetas mujeres de Córdoba
(Editorial Tinta de negros, 2011). Desde el 2007 lleva su blog/ trinchera: La laucha mancawww.lauchamanca.blogspot.com.

HABLAR LO SUFICIENTE,
TRABAJAR LO NECESARIO
Juan Manuel Stahli
Nació en 1982 en Villa Martelli, provincia de Buenos Aires. Vive en Córdoba desde el 2000. 
Se afilió al grupo Pan Comido en el 2002. Con ellos ha publicado textos en las antologías:
Belleza Obliga (2004), Derrota No (2005) y El día más parecido (2008). 
Y en las plaquetas colectivas Maquinita de Poesía y Poemas como se puedan editar.
También publicó las plaquetas Luces a la gente (2009) y Los incansables caballos del amanecer (2010).

CONTACTOS DE PRENSA:
www.lamaquinitadepoesia.blogspot.com.ar / Facebook: Pan Comido Poesía
Leticia Ressia: ressialeticia@yahoo.com.ar / (0351) 156-659017
Juan M. Stahli: juanmstahli@gmail.com / (0351) 153-580808
CONSEGUILOS EN:
El Espejo Libros.
Deán Funes 163. Pasaje Santa Catalina. Local 4.

¿Populismos? / Juan Manuel Stahli

Foto: Encuentro Ciclo de Poesía para Abrir el campo Tomá de Acá



Un pedazo de pan
vale más
que mil palabras.


Juan Manuel Stahli  (Villa Martelli, 1982)

En Hablar lo suficiente trabajar lo necesario. Inedito, en breve editado por Pan Comido Ediciones y Gráfica 29 de mayo.

Exploración nocturna / Juan Manuel Stahli


 Foto: Hugo Suarez


Entrada la noche
desdichas
palabras sueños
el trabajo
su armonía

claridad caminos
costumbres
voluntades
calmas

la luz
siempre está viniendo
y no podemos esperarla
quietitos

urge acomodarse
hacer lugar
avanzar hacia ella

sueltos de lengua
abiertos
refutables

despiertos en las mañanas.



Juan Manuel Stahli  (Villa Martelli, 1982)

En Hablar lo suficiente trabajar lo necesario. Inedito, en breve editado por Pan Comido Ediciones y Gráfica 29 de mayo.

Allanamientos / Juan Manuel Stahli





Ferocidad
con que atacan los instintos
al sentimiento alegre
de las palabras dispersas

exquisita libertad
música del barro del corazón
poesía
viene a buscarte

no hay inflación en sus permisos
ni tienen precio sus ambiciones.


Juan Manuel Stahli  (Villa Martelli, 1982)

En Hablar lo suficiente trabajar lo necesario. Inedito, en breve editado por Pan Comido Ediciones y Gráfica 29 de mayo.




La selva oscura / Leticia Ressia






Tuve encierro y otras cárceles
pero nada se pareció                 
a tu sombra.


Leticia Ressia ( Pellegrini, 1979).

En La selva oscura. Inedito, en breve editado por Pan Comido Ediciones y Gráfica 29 de mayo.


1986 / Leticia Ressia




Alto y joven
la sentó sobre sus hombros,
altiva la mirada casi impune
no había para ella
más preciosa herencia
que la oscuridad florecida
y pútrida del agua.

El padre
le señaló
el confín del imperio,
la fuerza de su imaginario
la  vereda insondable



la inundación.




Leticia Ressia ( Pellegrini, 1979).


En La selva oscura. Inedito, en breve editado por Pan Comido Ediciones y Gráfica 29 de mayo.

Puñal en la arena / Leticia Ressia




Cuando arda el ojo.
La rabia de tanto mirar el viaje
será visible

Entonces
mi desierto tendrá
la forma
de un puñal en la arena.


Leticia Ressia ( Pellegrini, 1979).

En La selva oscura. Inedito, en breve editado por Pan Comido Ediciones y Gráfica 29 de mayo.

Háblame del agua que transcurre / Eugenia Cabral



hÁblame del agua que transcurre
más allá del tiempo.

Esa corriente: ¿es pasible de ser vivida?
¿cabe en el puño de un mono?
¿vale más que los huesos del cráneo?
¿es útil como las hierbas
y el aire?

Dime si es cierto que volvemos
a ser hermafroditas.

A veces digo “eras mágica”
y acuden los espectros a vestirme.

Y no sé
si fuiste o no fuiste
la que ha partido sin mí,
la que no precisó de mi mano
para subir a la barca.


Eugenia Cabral

En Cielos y barbaries. Alción Editora. Córdoba, 2004.

Glauce / Eugenia Cabral



DEL MAR VIENE TU VOZ.
De todos los mares y todas las mareas.
De oleajes de trigales que mecían
a tus parientes gringos y pampeanos,
coronados por el flamear
de las migrantes banderías anarquistas
con sueños de paz y marejadas de pasiones.

Glauca, Glauce, marina.
Arrojada en otras violentas banderías,
amplia como la oscilación de la blancura.

Te desespera la sed del mar en esta mediterranía
siempre sedienta de grandes hechos,
siempre devuelta a la gravedad de las campanas.

Al fin todo es doméstico. Todo misterioso.
Lo grande nace de lo pequeño.
No viene del mar sino de la semilla.
No del infinito, sino del sol.
Pero tú renaces de los aires que producen
miles de banderas opuestas y coincidentes
balanceándose a un mismo ritmo.

Todo habla en ti.
Las revoluciones y las magnolias.
Las abuelas y las galaxias.

El amado y la muerte.

La poesía es a ti lo que la forma a la belleza.
Un soplo en el barro.
El roce de dos pedernales.

Y la palabra te transforma y aniquila.
Te hace suya. Te pide que seas viril para poseerla
y femenina para deslumbrarla.
Ningún otro destino te pertenece.
Ninguna otra pasión jugarás tan sabiamente.

Has venido del mar a la superficie de los genocidios.
Pero mira: toda palabra antes de nacer
recorre su propio olvido.
Alaridos de hórdagos en retirada
apagan tu voz
como la polvareda al canto de un pájaro.

Tu voz.
Desnuda y perfecta.
Plena y aciaga
como la hoja de acero del destino.


Eugenia Cabral

En Tabaco. Babel Editorial, Córdoba, 2009.

En los tejados desmantelados del infierno... / Marcelo Dughetti












En los tejados desmantelados del infierno,
los gatos tosen sus pestes redentoras.
La  cocinera es un cíclope asimétrico
con gran olfato para las mezclas picantes.
Ha salido al jardín
y en los cantos de la cuneta
vuelca la grasa amarilla,
arde en su único ojo la matriz de la maldad,
toda vida se rinde ante la luz de su mirada
En sus manos de luchador,
sucumben diversos animales
destrozados en los piletones del patio.

Marcelo Dughetti (Villa María, 1970).
En Hospital. Inédito.